domingo 21 de julio de 2024 14:39 pm
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Existen varias evidencias de cómo el aumento de las temperaturas está provocando que algunos animales portadores de enfermedades están modificando algunas cosas para poder adaptarse, lo que pone en riesgo la salud humana.

Gracias a los avances científicos y de la medicina, hoy en día, prácticamente todas las personas que habitan este mundo suelen tener esperanzas de vida más largas y saludables, en comparación con los seres humanos que vivieron hace medio siglo.

Sin embargo, estos logros podrían sufrir un gran retroceso, y todo culpa al cambio climático.

Diversos científicos han encontrado que los animales, incluidas las personas, así como las enfermedades que transmiten, están cambiando para adaptarse a esta nueva forma de vida. De hecho, está comprobado que las garrapatas, los mosquitos, las bacterias, las algas e incluso los hongos están cambiando o ampliando sus rangos históricos para adaptarse a condiciones climáticas que evolucionan a un ritmo sin precedentes.

Estos cambios, generalmente, son producto de la deforestación, la minería, la agricultura y la expansión urbana están acabando con las restantes zonas silvestres del mundo, lo que contribuye a una pérdida de biodiversidad que se produce a un ritmo no visto en la historia.

Las poblaciones de especies de las que los humanos dependen para su sustento disminuyen y son empujadas a porciones de hábitat cada vez más pequeñas, lo que crea nuevos focos de zoonosis: enfermedad o infección que se da en los animales y que es transmisible a las personas en condiciones naturales.

De igual modo, incrementa la cantidad de personas que experimentan las repercusiones extremas del planeta que se va calentando. De hecho, esta situación provoca que se desplacen unos 20 millones de personas cada año de personas que necesitan una mejor vivienda, atención médica, alimentos y otros elementos esenciales que ejercen presión sobre sistemas ya frágiles que están cada vez más presionados.

Estos factores generan condiciones propicias para que surjan enfermedades humanas. Las antiguas y las nuevas se están volviendo más prevalentes e incluso, aparecen en sitios donde nunca antes se habían registrado.

“Esto no es solo algo allá en el futuro. El cambio climático está aquí. La gente está sufriendo y muriendo en este momento”, indicó Neil Vora, médico de Conservation International (Conservación Internacional, una organización sin fines de lucro).

Otro factor a considerar es que los animales han comenzado a trasladarse a zonas más elevadas y frescas para tratar de huir del calor, portando enfermedades consigo. Esto es una amenaza para las personas que viven en dichas áreas y también, esto podría generar una mezcla explosiva entre los animales recién llegados y las especies existentes.

Para ejemplificar dicha situación tenemos como ejemplo lo que está ocurriendo con la gripe aviar, mal que se está propagando con mayor facilidad entre animales salvajes, a medida que el aumento del nivel del mar y otros factores que están haciendo que las aves se dirijan tierra adentro en lugar de anidar en las costas, lo que hará que choquen con otras especies. Tarde o temprano, esta enfermedad saltará a los seres humanos.

Otro fenómeno que se está observando es que los inviernos se están volviendo más cálidos, mientras que la primavera y el otoño ahora son mucho más suaves, lo que permiten que los portadores de diferentes patógenos (garrapatas, mosquitos y pulgas, por ejemplo) permanezcan activos durante más tiempo a lo largo del año.

De igual modo, los patrones de clima extremo, como los periodos de sequía e inundaciones, crean las condiciones perfectas para que se propaguen algunas enfermedades, como el cólera o la llamada fiebre del Valle.

Y para quienes se muestran escépticos ante esta situación, simplemente los casos de enfermedades relacionados con los mosquitos, garrapatas y pulgas se triplicaron en Estados Unidos entre 2004 y 2016, según los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre 2030 y 2050, apenas un puñado de amenazas relacionadas con el clima, como la malaria y la inseguridad del agua, cobrarán un cuarto de millón de vidas adicionales cada año.

“Creo que hemos subestimado drásticamente no solo cuánto el cambio climático ya está cambiando los riesgos de enfermedades, sino también cuántos tipos de riesgos están cambiando”, comentó Colin Carlson, biólogo de Cambio Global en la Universidad de Georgetown.

“Creo que hay mucho más de qué preocuparse en términos de amenazas de epidemias y pandemias”, sentenció.

Por  Montserrat Arqué

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